Writer

15 set. 2021

Mientras bailamos

Trato de no mirarte porque tus ojos me atrapan, y no quiero. Te veo sonreír y me doy la vuelta para seguir bailando, solo con la idea de esquivarte y no mostrar mi interés. No puedo. No sé si quiero, pero no puedo.

Te vas, yo me quedo. O quizás al final soy yo el que se va y tú eres la que se queda.

He tocado la piel de tus manos, la delicadeza con la que sujetas la mía al bailar, tu sonrisa mágica que me hace sonreír casi sin pensarlo. Me miras, sonrío, me vuelvo débil.

Quisiera decirte que deseo abrazarte, tocar tu rostro, mirarte fijamente a los ojos y saber que puedo compartir este sentimiento contigo. Pero no puedo.

Tu piel oscura, tus ojos canela y el sonido de tus palabras que tanto amo.

Me imagino a tu lado, teniendo la fuerza de tomarte de la mano, jalarte hacia mí y besarte. Pero no puedo. No puedo, pero lo imagino, y sufro tanto como si fuese real.

Sigues bailando. Yo a lo lejos, bailando también, evitándote, pero deseando tanto que me mires, me sonrías y leas mi mente. Que leas que te quiero, que quiero que todos desaparezcan y que estemos solo los dos; que estoy enamorado de tu sonrisa y tus abrazos al saludarme, de tus holas, y de ti.

Sigo bailando y te veo. Me sonríes, te sonrío. Pero entiendo que nada es verdad, que soy solo yo imaginando lo que siempre imagino, mis múltiples mundos ideales en donde soy feliz y donde el momento es la eternidad.

Imagino porque no puedo.